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El abismo sensacional de ser sincero

abismo sensacional de ser sincero

¿Te pasa en ocaciones que inventás cualquier cosa para evitar decir lo que realmente pensás o sentís? Como un mecanismo de defensa, que no muestra lo interno. Un ejemplo: quedaste para reunirte con alguien pero a último momento pintó fiaca o un plan mejor. En lugar de decirle lo que te pasa, le decís a la otra persona: ¨se me complicó, o debo ocuparme de tal otra cosa.¨ Cualquier cosa que haga evidente que estás justificado, y que por eso no podés concurrir al encuentro acordado. O peor, lo responsabilizas al otro diciendo la noche anterior: ¨che, como no confirmamos, quedemos para otro momento.¨

¿Por qué será que en esos momentos no nos sale hablar desde un lugar sincero? ¿Cómo sería admitir que al final no tengo ganas de juntarme, que prefiero dejarlo para otro día cuando si esté disponible, con ganas? No digo que no lo hacemos, digo que hay situaciones donde optamos por esta forma de encubrir el asunto, en lugar de sincerarnos.

De alguna manera, cuando me pasa, percibo un abismo en mi, generado por la idea de tener que sincerarme con el otro, de ser fiel a lo que me pasa (y validarlo, expresándolo) al 100%. Como si cayera literalmente en un abismo de incertidumbre llegado el caso que blanquee lo que me pasa de verdad. Un sentirme completamente entregado a lo que puede llegar a opinar el otro sobre mi persona. ¿Y qué puede pasar si me sincero? Que al otro no le guste. Que descubran que al final no era tan copado como creían. ¿Y qué? No sé, y nada.

Ser sincero, expresar fielmente lo que me pasa en mis vínculos, para mi, es una manera poderosa de hacerme cargo, de responsabilizarme de mi propio bienestar y felicidad. Y de validarme. Es cierto que confesar que mis ganas cambiaron en relación a lo previsto con otra persona puede llegar a caer mal. Al mismo tiempo, luego de lanzarse al abismo sensacional de ser sincero, aparecerá un nuevo piso, un piso más solido de confianza y de valoración en el vinculo con la otra persona. Siempre es posible revisar un acuerdo, por más importante que sea para ambos o alguno de las dos personas. Validarme es eso, aceptar que mis ganas y necesidades cambian.

Hay una faceta más que quiero traer, que es el sincerarse con uno mismo. Si observas, te darás cuenta rápidamente como responsabilizamos a otros o al contexto por incumplir con compromisos. Por ejemplo, cuántas veces por día expresamos ¨perdón por llegar tarde, es que había mucho tránsito¨. O ¨me gustaría irme de vacaciones, pero no tengo tiempo¨, entre otros muchos ejemplos que están presentes en todos los ámbitos de la vida.

En el primer caso, sincerarme conmigo mismo sería salir de casa antes, para – sabiendo que siempre se presentan cuestiones complicadas de tránsito – tener algo de tiempo de margen, y entonces no llegar tarde. Dejo de responsabilizar al contexto, y me hago cargo de lo que está dentro de mis posibilidades de acción (o, si no salgo antes, no echo la culpa al tránsito, sino asumo que no salí con tiempo suficiente como para evitar llegar tarde).

En el segundo caso, de carecer tiempo para el ocio, la cuestión posiblemente va un poco más profunda. Según cada caso puede ser que falte orden, o poner limites, o elegir mejor lo que sí y lo que no es importante en mi vida para que quede el tiempo necesario disponible para lo que elija hacer con ello. Hay algo ahí para trabajar, posiblemente en relación al merecimiento, o cómo uno aprendió en su casa que tenía que desenvolverse en lo laboral, o algo en relación a poner límites, entre otras cuestiones que sin dudas hay ahí detrás. Nota adicional: está mal no irse de vacaciones? No, para nada, solo está ¨mal¨ si tu deseo es irte de vacaciones y no encontrar el momento para hacerlo. Ahí el poder está afuera, dejandote en un lugar pasivo, sin capacidad de decisión sobre el curso de tu propia vida.

Conclusión: donde percibo un abismo sensacional a la hora de evitar ser sincero, ya sea con otro o conmigo mismo, entonces hay algo potente para trabajar. Está la opción de seguir como siempre, o la otra opción de hacerme responsable, de validarme tal cual soy.

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