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Conectar con el cuerpo para enriquecer la vida


Conectar con el cuerpo es algo que cada vez más importancia en cada vez más ámbitos se está dando. Ya no es un tema reservado para apenas algunos espacios específicos de salud o de exploración corporal. Con la llegada de la pandemia, los niveles de sedentarismo incrementaron exponencialmente para la mayoría de los seres humanos. Si bien la quietud puede significar una parte importante de la conexión con el cuerpo, si no se integra con movimiento, esa quietud jamás va a ser funcional. Al contrario, demasiada quietud genera deterioro en diferentes facetas de la existencia, en lo corporal, como también en lo mental. 


Estamos sentados en el trabajo, sentados al descansar, sentados al conversar con un ser querido, sentados para trasladarnos, sentados en todos lados. No necesito traer referencias estadísticas para afirmar que en promedio un día cualquiera en la semana nos movemos menos de un 10%, a cambio de estar en quietud (acostados o sentados) el otro 90% del tiempo. 
Este desequilibrio entre quietud y movimiento hace que nuestros músculos pierdan tonicidad, fuerza, hace que nuestras ideas pierdan creatividad, y hace que nuestros días pierdan variedad. 


Al mismo tiempo, la corporalidad como camino no se refiere solamente a lo muscular y energético, sino también a la posibilidad de potenciar nuestra conexión con la vida. La gran mayoría de las personas sostiene todo lo que vivencia en su capacidad mental, y pierde la inmensa riqueza que en potencia puede brindar esta otra faceta de nuestro ser, nuestro cuerpo. 


¿Cómo es esto de que mi cuerpo me traiga riqueza? Te lo respondo con otra pregunta: ¿Cuántas veces te pasa que te enroscas con cuestiones de la vida sin encontrarle salida? ¿Cuántas veces querés cambiar algo pero terminas postergando hacerte cargo de tu deseo? Es ahí donde la mente muchas veces impide posibilidades. Es ahí donde una voz interna me limita en base de experiencias del pasado que nos condicionan hoy. Cuando logro ablandar mis pensamientos, mi mente, habilito la conexión con mi cuerpo, lo cual habilita que la vida tenga más sentido. Menos mente, más cuerpo, y como consecuencia: más sentido.

Más sentido en el sentido de sentir. Permitir que aparezcan respuesta desde un lugar más intuitivo, más genuino de lo que muchas veces nos permite nuestra mente.
«Apagar la mente» de muchas propuestas de meditación, danza, y otras que trabajan la consciencia corporal, es la forma mental para hacer accesible lo que estoy buscando explicar en este escrito.


Enriquecer la vida a través de la corporalidad es la posibilidad de ablandar nuestra visión de vida que fuimos construyendo a partir de experiencias, opiniones, y demás elementos que la fueron limitando cada vez más. Y al ablandar lo que nos está limitando a nivel mental, florece lo esencial, lo verdadero, desde nuestro cuerpo. Un sentir sin pensar, un sentir primordial, un permitir ser auténtico original.

Cuando conectemos con el cuerpo, las interpretaciones, los deber ser, las experiencias emocionales dolorosas del pasado, se hacen menos importantes, menos condicionantes. Cuando conectemos con nuestro cuerpo, por esos instantes no desaparecen las demandas ajenas, pero si permiten ver con mayor claridad qué es propio, qué no lo es. Con la presencia de esa claridad puedo volver a elegir. Elegir seguir como venía, pero esta vez con consciencia, o elegir cambiar, encontrando fuerza y sostén desde mis propios adentros.

En nuestro Programa el Arte de Fluir exploramos esta enorme posibilidad de conectar con el cuerpo para enriquecer la vida. Para volver a la esencia, a través del movimiento. El 14 de Marzo comienza una nueva edición. Si te interesa enterarte en detalle haz click aquí o contactame aquí.

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